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viernes, 6 de noviembre de 2020

Las cuatro visiones


La del hobbista:

Muchas personas, desarrollan actividades recreativas de distinto orden a las que denominamos hobbie, ocupan para ello todo el tiempo posible y los recursos necesarios. En ambos casos, tanto en tiempo como en recursos no se analizan desde el punto de vista objetivo sino desde el placer que proporciona dicha actividad.

Y es así que pasa el tiempo, adquiere conocimientos, experiencias y es un experto en algo que le otorga satisfacciones, entretenimiento y alegría.

La del emprendedor:

Un emprendedor es una persona que quiere utilizar su experiencia, conocimiento o condiciones que cree propicias para desarrollar una actividad rentable,  convirtiéndola en negocio.

Muchas veces ocurre que es la evolución natural de un hobbista. Encuentra que mucha gente valora y le solicita algo que crea, construye o produce como hobby ,entonces la conclusión lógica es ¿por qué no habría de ganar dinero, si vendo lo que me piden? La diferencia entre un hobby y un emprendimiento es el objetivo, que en el primer caso es la satisfacción personal de realizar una tarea sin medir tiempo, recursos o esfuerzo. Y un emprendimiento productivo necesariamente tiene que cuantificar tiempo, dinero, esfuerzo, para tener como resultado el precio de lo que uno va a comercializar en su emprendimiento y obtener ganancia.




Los puentes rotos:

¿Cuáles son? 

¿Qué es un puente?

¿De qué estamos hablando?

                Un puente es un paso facilitado entre dos puntos que entre sí contienen un área inaccesible, peligrosa o complicada.

¿A que nos referimos con los puentes rotos? 

Específicamente en este caso, en que no existe un puente entre un hobby y un emprendimiento comercial, dado que mientras en un hobby el propósito, el objetivo es el entretenimiento, divertimento o el placer de realizar una tarea, en un emprendimiento comercial las tareas deben ser realizadas en forma eficiente porque tienen como propósito bajar costos para llegar con un producto al precio, acorde a lo que el mercado requiere.

Las escalas y el tiempo son completamente diferentes, y en un caso no tienen importancia y en el otro son relevantes y forman parte del costo.

La del empresario:

                Es la evolución forzada de un emprendedor, que se ha visto obligado a capacitarse, prepararse para enfrentar las necesidades a las que se ve empujado por tener que crecer y convertir su emprendimiento en empresa.

                Todo esto que suena apremiante o perentorio, no necesariamente involucra sufrimiento o disgusto, porque poder crecer en la vida, evolucionar, madurar, aprender, debería ser placentero. Pero agregar personal, estructura y en algunos casos mudanzas, puede producir en la persona cierta angustia o inseguridad que será inversamente proporcional a la capacitación y la preparación para la evolución. O puede sumar el acompañamiento de un profesional que facilite la transición. Ello dependerá de las finanzas.

 

La del profesional:

                Es la mirada de la persona preparada y con experiencia que sabe muy bien las implicaciones de la evolución de los tres anteriores. Que está listo para mostrarle a ellos cuál es el camino, cuales son los puentes de la evolución en los emprendimientos, en las empresas o en los holdings.

                Aquí no solo se necesita un conocimiento empresarial, estructural, comercial, productivo, sino lo que es más importante las situaciones emocionales que implican esos cambios y entender que las personas no necesitan una computadora más sino alguien que comprenda las angustias, inseguridades, dudas por las que está pasando.

                Acompañar, aconsejar o mostrar las opciones disponibles en cada decisión a tomar es la tarea del profesional, del asesor, que es llamado para cumplir esa función.

Reparación de puentes:

                Está claro que si uno quiere ir del otro lado y el puente está roto, debe repararlo.  En algunos casos es fácil, en otros es bastante complejo. Pero en lo que no cabe duda, es que en todos los casos es un aprendizaje válido que lo prepara a uno para el futuro.

                Hay puentes de todo tipo, de conocimientos, de experiencias, de producción, de organización, de finanzas, de escala, todos ellos pueden ser superados y en todos los casos uno sale más preparado, más sólidamente entrenado y con más esperanza.

 

Nuestro propósito no es agregar dudas, inseguridades o miedos, por el contrario, sólo se puede enfrentar lo que se conoce...


Carlos A. Mascarini

www.businam.com