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lunes, 20 de julio de 2020

Primer eslabón de la cadena productiva...

¿Es lo mismo decir Qué queremos hacer, o qué podemos hacer?

   En la publicación anterior habíamos quedado en que el momento mas importante es aquél en el que hay que tomar las decisiones, entre qué queremos hacer y qué podemos hacer.
   Para que el lector entienda cuales son las posibilidades de establecer una cadena productiva, vamos a comenzar con una lista de ejemplos propios.
   Un día decidimos cultivar tomates, en principio para comerlos; tener tomates con sabor a tomate y libre de cualquier tipo de modificación genética, entonces, como la mayoría de las personas recurrimos a recuperar las semillas de los tomates que compramos en la verdulería, aquí nos encontramos con el primer punto a aclarar:  La mayoría de los tomates que se venden ahora, esos gigantes, hermosos, duros, que duran 10 días, 15 días en la heladera sin que se ablanden y sin pudrirse, en general, son híbridos, con modificaciones genéticas de diverso origen, pero son tomates híbridos, eso implica que en general las semillas van a ser débiles, no van a brotar o los tomates cosechados serán diferentes a los que nos dieron las semillas, no ese tipo de tomates; también pasa con los morrones, esos morrones gigantescos, rojos, hermosísimos son híbridos. Entonces perderemos mucho tiempo y esfuerzo en tratar de producir con esas semillas, porque, en el mejor de los casos, cosecharíamos morroncitos de 4 cm. totalmente débiles genéticamente.
Voy a contar una breve historia: cómo comenzamos a cultivar tomates cherry,


   Un día pasamos por un vivero y veo una oferta de una plantita de tomate cherry, tenía 25 cm y unos 5/6 tomatitos cherries rojo, compre una planta inmediatamente y la traje al vivero, procesamos los tomates sacamos las semillas, las preparamos y las sembramos, pero, íbamos a tener muchas sorpresas a raíz de eso, porque habíamos preparado la tierra con humus de lombriz, (producimos lombrices desde hace muchísimos años) entonces habíamos preparado la zona de huerta, con una capa de 25 cm de humus de lombriz, sembramos las semillitas de los cherries. Cuando terminó la temporada “las plantitas” medían más de 3,5 m de altura, o sea ya no tenían 25 cm y daban 5 tomates, sino más de 3,5 m y cosechábamos medio kilo diario por planta.
   En esa misma temporada sembramos maíz y girasoles ¡y los tuvimos que cosechar con escalera!  ¡Cuánta sorpresa trae la vida de campo!



Entonces ya identificamos un obstáculo.
   Luego de esa experiencia comenzamos a traer semillas del exterior, de clientes nuestros a los que le vendíamos semillas de plantas carnívoras y que nos aseguraban que las cultivaban ellos mismos, que eran orgánicas, etc.
   Logramos formar una linda cantidad de variedades, (hoy cerca de 42 variedades) inicialmente comenzamos con unas pocas, unas nos llegaron de Rusia, otras de Austria, otras de Canadá etc.
   Para cultivar esas variedades tuvimos que producir más cantidad de humus, trabajar más espacio de tierra, porque debíamos evitar la polinización cruzada de las variedades y no perder la calidad de las semillas.
   Luego de la experiencia de cultivar plantas de 2/3 m de altura confirmamos que cada planta debe estar tutorada de alguna manera sólida ya que algunos tomates pesan un kilo. Los cherries tienen un peso menor, pero suelen presentarse en racimos.

   Pero todo eso se aprende cultivando, aunque lo digan los libros, lo expliquen los especialistas, haciendo se aprende.

   Después se procede a la cosecha, ahí tenemos otros factores que debemos contemplar: guardar semillas, cómo guardarlas, sin mezclarlas, el proceso de limpieza, un proceso de secado, de guardado en un lugar sin humedad, sin luz, y sin dejar de comer todos los tomates, en rigor, lo seguimos haciendo.
   Claro si a uno le va mal tiene pocas semillas, pero si a uno le va bien, la cantidad de semillas es bastante importante. Por lo tanto, hay que establecer conjuntamente la producción y un sistema de comercialización.
   Tengamos en cuenta que una semilla tiene una vida útil, y hay que comercializarla dentro de esa vida útil, para que la semilla también esté en condiciones de ser cultivada por quien la compra, teniendo la fuerza que requiere la planta para desarrollarse.

   Entonces, teníamos muchos tomates, muchas semillas y mucho trabajo por delante, durante el invierno vendíamos semillas, pero para la primavera comenzamos con la venta de semillas y plantines de las variedades. Para la venta de plantines se requiere un gran espacio, todavía protegido contra el frío, porque se empieza a producir a fines de julio para la venta de septiembre.
   Decidimos empezar con 100 plantines, esa primera venta la vendimos en dos días.
   Aprendimos de eso y en la temporada siguiente hicimos 500 plantines, para lo cual tuvimos que hacer un invernáculo, y en el manejo de la producción, cada plantín con una etiqueta de la variedad, no es bueno venderlos todos mezclados, el cliente quiere saber qué está comprando.
   Tuvimos muy buena recepción de esta producción y los vendimos en un par de semanas.
   La temporada siguiente produjimos 1.200 plantines que requirieron una ampliación del invernáculo, porque no es que solamente producíamos los plantines, producíamos cactus, suculentas, carnívoras, mucha cantidad de plantas, ¿entonces qué hicimos entonces?

Aclaración:
¿Uds. venden tomates?  No

¿Por qué? Porque no tenemos capacidad para producción de tomates, tenemos capacidad para la producción de semillas y una vez al año plantines.

Nada más, el resto del año es comercialización, construcción, mantenimiento, planeamiento, control y gestión.

   No podemos ni pensar en vender tomates, le vendemos los plantines a productores de tomates, que tampoco tienen el tiempo y la capacidad de producir semillas y plantines. Producir plantines para una persona que tiene una huerta comercial le insume una cantidad de esfuerzo que no puede encarar.
   La producción de cualquier planta requiere producir sus abonos y los elementos para esos abonos, y requiere el trabajo constante de los participantes del proyecto productivo.
   Otra de las cosas que se debe tener en cuenta es que el productor tiene 4 temporadas en el año y en cada temporada puede producir cosas diferentes, porque en pleno invierno, no se pueden producir ni cactus, ni suculentas, ni tomates, ni ciruelas, pero hay otras plantas que se pueden producir en invierno, mientras las otras están en reposo.
    Si no el circuito productivo se detiene en otoño/invierno o en primavera/verano, hay plantas que en pleno verano están dormidas, por eso esas plantas no son comercializables, porque no están visibles. No es rentable descuidarlas y comprarlas de nuevo en la temporada siguiente.
   Ya que todo esto no se ve desde afuera, con estas anécdotas personales explicamos que es maravilloso sentarse a tomar mate a la sombra en verano o en primavera, pero mudarse al campo implica un cambio, una transformación, y la producción no se hace desde el whatsapp o el chat. Sí usamos la computadora para establecer elementos de control, diseñamos planillas, calendarios, programas, etc.
   Si uno no tiene maquinaria o tractores, la pala será nuestra amiga inseparable.

Continuará...

María Cristina Stete